DONDE TODO COMIENZA Y TERMINA: VIDA Y MUERTE
Primero: comenzar un blog con esta gran dicotomía (y aclaro que el concepto no es mío) sólo desea resaltar que todas nuestras emociones, y los actos que las acompañan, están enmarcadas entre estas dos grandes realidades. Todas nuestras emociones, sentimientos y deseos se desarrollan en el transcurso de la vida, y sólo disponemos de ese lapso para conocerlos, sufrirlos y disfrutarlos, hasta que la muerte determine el fin de la función. Y se baje el telón.
Segundo: No, a veces no aprovechamos nuestro tiempo para pensar en la vida y en aquello que la afecta. Andamos de aquí para allá, tan ocupados en una multitud de asuntos que parecen importantes, y así tratamos de cubrir nuestras necesidades, de obtener satisfacciones (casi todas pasajeras), de alejarnos de todo aquello que pueda hacernos daño, de alcanzar algún estado casi mítico de tranquilidad que resulta no ser lo que buscábamos. Como cada generación parece tener más ocupaciones y problemas para resolver, todo indica que nuestro modelo clásico de "tiempos y movimientos", junto con todas sus variantes y modelos opuestos, no incluirán en la lista de tareas pendientes los asuntos que se refieren a la intimidad de nuestra mente y de nuestro corazón. No hay espacio para trivialidades.
Tercero: Podemos imaginar que ocurren muchas cosas después de la muerte, apoyados en nuestra fe, en nuestra imaginación, en testimonios de experiencias sobrenaturales, o en lo dicho por cualquier charlatán que se crea un delegado de Caronte. Puede que no sea el "fin de la función", como lo mencioné hace un momento, sino un "cambio de escenario" o, incluso, el "comienzo de una nueva obra", presumiblemente mejor y sin final a la vista. Antes de cruzar ese límite trascendental de la existencia, y antes de enfrentarnos a un montón de suposiciones, podríamos ocuparnos en algo mucho más conocido, en aquello que constituye nuestra realidad (con perdón de algunos filósofos): la vida. Existir -entendido como "estar vivo"- implica la oportunidad permanente de aprender a hacer las cosas en la forma correcta para sentirnos bien, para alcanzar aquello que llamamos "la Felicidad", o algo semejante.
"Sentirse bien" podría entenderse como el estado ideal que pueden alcanzar nuestras emociones y sentimientos, nuestra mente y nuestro cuerpo, todo nuestro ser, cuando no existe nada que lo aqueje. Este estado no suele durar mucho (¿defecto de fábrica o imperfección natural?), pero sí podemos esforzarnos para que se repita, si queremos. Ahora bien, el camino para "sentirse bien" pasa por "hacer el bien" a nuestros semejantes, y escuché hace poco que sólo disponemos de esta vida para esa tarea. ¿Qué estamos esperando?

